¿PAZ VIRTUAL O ENFRENTAMIENTO REAL?

Paz virtual o enfrentamiento real?

Por: Carlos Manuel Cadenas
Fecha de publicación: 03/09/04

 

 

 


De cara al fenómeno comunicacional que intermedia en la política, vamos a partir de tres premisas:

- Cada periodista es un agente cultural comprometido y responsable de lo que difunde, si lo hace obligado, es responsable doblemente: por carecer de ética y por participar en el fraude de la desinformación.

- Cada medio de difusión expresa un arbitraje tendencioso de lo real e intenta construir una verdad donde el interlocutor y el periodista sean cómplices de la simulada realidad que se expresa a través de lo difundido. Los dueños de los medios no tienen ÉTICA, tiene intereses.

- Cada noticia tiene como elemento oculto en la “neutralidad” y en la “objetividad”, la imposibilidad de ocurrencia de actos comunicacionales no tendenciosos.

Sumado a esto, la sociedad microelectrónica tiene como legado un proceso en que los medios de difusión y/o comunicación son sobredimensionados por las circunstancias propias y derivadas de un cambio cultural.

En el marco del nuevo capitalismo, se construyen referentes culturales a partir de los condicionamientos audiovisuales, enmarcado esto por la dictadura de la imagen, además, se establece en la práctica un nuevo ser del conocimiento intermediado por esos “saberes” que están en sustitución de lo real, entonces lo real es lo que se ve en pantalla (la premisa: la imagen no miente, sustituye a los hechos), por consiguiente, el control de la imagen, la intervención de ella, la reelaboración de su sentido, orquesta el mundo, haciendo a los espectadores personajes de una trama cada vez más compleja y artificial.

Al poder intervenir la imagen se prefabrican circunstancias, máxime si el espectador tiene sustituido el criterio de verdad por el relativismo de lo verosímil. Lo creíble norma así el acercamiento al hecho interpuesto entre la cosa y el receptor. El estatuto teórico que se expone para justificar la ausencia de la verdad, es paradójicamente la verdad positivista trasvasada en prueba visual o auditiva, es el reino de los sentidos convertidos en gentes infalibles y comprobadores de la existencia.

El espectador puede ser convencido de que Superman es Republicano o Demócrata, si los medios así lo disponen. Los medios hacen y deshacen al héroe cotidiano, convierten a seres anónimos en villanos de cualquier trama dramática, infunden patrioterismos, fuerzan acontecimientos. En el caso de los estadounidenses es casi una patología, el miedo al terrorismo se ha convertido en un elemento usado por el señor George Bush para que los ciudadanos vivan en permanente zozobra, pero además, como publicidad para vender un producto: la Presidencia.

De hecho, al sustituir el lenguaje político que se fincaba en la propaganda, por el lenguaje comercial que se sostiene con la publicidad, la política se convierte en una actividad marginal. El discurso de los políticos cambia de contenido, es vaciado de solidez, ahora es la imagen intervenida la capacitada para hacer presidentes virtuales, en el caso estadunidense, donde el señor Bush y el candidato Kerry parecieran sacados de una película de acción poco taquillera pero con alto presupuesto, es decir, ambos son una gran estafa ante los ojos del espectador consiente.

El escenario político es sustituido por el espectáculo mediático, verbigracia las convenciones de ambos partidos preparadas para ser recepcionada al igual que la entrega del Oscar: COMO UN SHOW FARANDULERO (es el mismo caso de las catástrofes: CNN anunciaba la trasmisión en vivo y directo de huracán Francis, la publicidad promete seguir paso a paso los desmanes, seguramente que los espectadores seguirán las incidencias, disfrutando el espectáculo con palomitas de maíz y Coca Cola).

Este condicionamiento del escenario convierte a los medios, no en actores de la política, los hace amos de los Estados débiles y poder paralelo en los Estados fuertes.

El caso venezolano de alguna manera es un ejemplo de la realidad intervenida con morbo, con saña criminal, sin ningún escrúpulo. En Venezuela también se comprueba que la tesis de la libertad de expresión tiene como principal enemigo a los medios de comunicación.

Afanados por el poder, los medios de comunicación en Venezuela son actores políticos que actúan con ventaja sobre el Estado, ya no sólo promueven el mundo virtual que les viene en gana, su papel los convierte en un poderoso ejército de ocupación cuya función es minar las bases organizativas de la república.

En la práctica, Venezuela es el laboratorio en donde los empresarios de las telecomunicaciones pasan a la ofensiva militar para copar y tomar como botín de guerra a un país, a las riquezas de su subsuelo y lo más importante, hacer una realidad verosímil que pueda ser consumida por los sectores medios de la sociedad, que por sus ocupaciones y poder adquisitivo, por sus temores y su banalidad, son los más expuestos a tomar para sí el grueso de las imágenes intervenidas, por ende, son los sectores medios, altamente consumistas, los llamados a reaccionar, contra lo que los medios han convertido en villanos: EL CHAVISMO.

Es en Venezuela donde se puede comprobar con mayor facilidad que el periodista es una agente cultural vulnerado y condicionado por los intereses de los amos del poder mediático, que la pretendida neutralidad y objetividad mueve sus resortes hasta los ejidos de los intereses de clase social, desnaturalizando al periodista y descubriendo que el arbitraje tendencioso de la realidad, es la sumatoria de posibilidades que brinda la imagen intervenida.

En Venezuela la libertad de expresión está conculcad no por el Estado, son los propios medios los encargados de asfixiar el derecho a la información. Se ajusticia la realidad, para construir una virtualidad a la estatura de los propietarios de los medios.

También en Venezuela se expresa cada vez con más fuerza la presencia de los MEDIOS DE COMUNICACIÓN ALTERNATIVOS, estos son por ahora, el débil contrincante del poder de los grandes medios, pronto, cuando conformen una red que los haga de un mayor alcance, habrá llegado el momento de terminar con la paz virtual que imponen los amos de los medios de comunicación. Será el momento de enfrentar a los criminales de la razón y la realidad, para que los ciudadanos recuperen el sentido de la verdad y los periodistas la humana dignidad de su profesión.

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